T R A J Í N

La invasión de Ucrania desde una visita a París

 La invasión de Ucrania desde una visita a París

Crónicas desde Francia.

POR SOFÍA TEXCAHUA.

—¡Oh!, Rusia invadió Ucrania.

Sin puerta, con paredes delgadísimas, todo se escuchaba en aquel tétrico hostal pintado de gris, vino y rojo vivo. ¿De verdad? Tan solo unas horas antes habíamos conversado sobre si Putin se atrevería a hacer algo o no.

Para mí, alguien del Nuevo Mundo al otro lado del Atlántico, “invasión” sonaba tan ajeno. Sí, sabía que hubo invasiones antes, varias cuando yo ya había nacido, pero nunca alguna que ocurriera en un país a la vuelta de la esquina. Ahora estaba en Francia, ¿cuánto tomaría un vuelo de París a Kiev?, ¿el mismo tiempo de Ciudad de México a Mexicali?

Y aunque invasión sonaba grave, mi prioridad esa mañana era empacar todo, desayunar, salir de hostal y disfrutar el último día en París. No era así para mi compañero de viaje, un estudiante lituano. A partir de esa noticia no se despegó de su teléfono en toda la mañana.

—Lo siento, creo que estaré un poco distraído hoy.

Le temblaban las manos y derramó su tasa de chocolate.

—Es que no lo entiendo, ¿por qué hacen esto?, no queremos luchar contra los rusos. Y las personas, al final son ellas quienes sufren. ¿Y si ahora Putin quiere invadir Lituania?

Hablaba de guerra, “invasión” se convirtió en “guerra” en menos de una hora. ¿Luchar? ¿Él? ¿Él con un fusil? ¿Cómo podría hablar de pelear contra los rusos si todos lo veíamos cortar la lechuga con temor de que en cualquier momento se cortara un dedo por su torpeza? Luego empezó a llorar.

—Lo siento, lo siento —se levantó y se acercó, hablándoles en ruso, a unos chicos que estaban sentados al lado de nuestra mesa.

La mamá de mi compañero es rusa, por eso él sabe hablar ruso. Esos desconocidos estaban llorando porque su familia vivía en la zona fronteriza de Ucrania.

—Quizá deberíamos ir con más calma hoy, él no se siente bien —comentamos entre mi compañera y yo.

Al final, la visita a París era lo más importante para nosotros. La angustia de mi compañero era incomprensible para nosotros.

París cercana a la guerra. Idéntica a cómo imaginé que sería mi primera vez en la ciudad del amor.