T R A J Í N

Compilación de la poesía del chiapaneco Israel González

 Compilación de la poesía del chiapaneco Israel González

Por Arturo Texcahua.

El poeta Israel González tomó una decisión oportuna y relevante: reunir en su libro Adán sin paraíso: poesía reunida (Trajín, 2021), la poesía publicada a lo largo de su vida como escritor, la cual comprende el periodo de 1999 a 2020. Dos décadas, veintiún años, la mayoría de edad en algunos países.

En tiempos de la pandemia de covid-19, podría atribuírsele a este acto un carácter pesimista, sin embargo, por encima de esta razonable explicación, está la necesidad de responder a la incertidumbre de la contingencia biológica con la fuerza de las palabras y la universalidad de las ideas, que nos colocan más allá de los avatares de la naturaleza, sobreponiéndonos a ese estado de vulnerabilidad que nos ha recordado que no somos invencibles, que de repente quedamos desprotegidos ante los ataques de un enemigo invisible pero poderoso. Reeditar y aglutinar en una sola obra este material adquiere mayor relieve hoy, cuando las circunstancias sanitarias amenazan las rutinas del mundo moderno: su incansable consumismo, la devoradora economía global y la disparatada carrera hacia la catástrofe ecológica, todo ello en medio de la pobreza, el hambre y la violencia.

Este libro es el compendio de un trabajo silencioso —acaso también hecho con sigilo— y constante que ha goteado incansablemente como pocos. Ya junto se ve un amplio volumen y la consistencia de su materia, principalmente moldeada de la concisión conceptual, la brevedad como estilo, la descripción sin alardes innecesarios, la narración puntual de momentos y la incansable búsqueda de la imagen exacta en su fin y reveladora en su perspectiva.

Más allá de leer ahora en un libro obras que ya fueron publicadas, esta compilación nos permite ver sus partes como conjunto y los fragmentos como panorámica. Así observamos desde un mejor ángulo temas, obsesiones, leitmotiv y vasos comunicantes. Igual advertimos una evolución y un proyecto general o un conjunto con determinada unidad. Ahora las lecturas emprenderán nuevos caminos. Los lectores resolverán los misterios. Los análisis podrán hacer comparaciones. Esto tanto para el disfrute, como para la hermenéutica.

Para el autor igualmente implica revisar su obra, verse en el espejo y hallar los retratos de sí mismo. Examen y evaluación alejándose de la fácil autocomplacencia. Repasar para repensar los fines y volver a los delirios e inquietudes que afiebradas noches y reposadas mañanas han dejado del solitario quehacer de la escritura. Volver al camino que, como decía Antonio Machado, se hace al andar. Porque volver la vista atrás es una tentación ante la que todos, alguna vez, hemos cedido, a pesar de saber que del pasado nada podemos modificar y que el futuro siempre es probable pero incierto. En cierto modo, en esta selección de obras publicadas ahora hay una suerte de memorias que en determinada edad o ante ciertas circunstancias es posible desear escribir. Las pistas están en este libro, buscando la curiosidad del lector avezado.

Además, en estas letras reconoceremos cualidades en la poesía de Israel González comunes entre los poetas de una tierra pródiga en bardos, como es el estado de Chiapas. Allí han nacido muchos poetas, brotan por todas partes, se reproducen, diestros con las palabras, comprometidos con el discurso, la originalidad y el hallazgo. Rosario Castellanos habló por las mujeres. Jaime Sabines retumbó en el siglo XX, nombrado y leído en México y en el mundo. Pero hay otros que han crecido en estas pródigas tierras.

Israel González pertenece a la generación de los que nacieron en los años sesenta del siglo XX. En el libro Voces de Chiapas (Trajín, 2019) se anota:

La poesía de los autores incluidos en esta antología se nutre, como es natural, de las voces —mexicanas y de otros países— pasadas y presentes, de sus experiencias personales y de su entorno e, incluso, de la música que creció con ellos o que descubrieron en la adolescencia; nada es prescindible, todo sirve para la expresión poética, a nada hay que decir no.

El gusto por el juego de palabras, por la imagen en lugar de la cada vez más en desuso metáfora, por la sencillez o el barroquismo, sin olvidar el cultivo del soneto, según el caso, caracteriza a este grupo de poetas que no cesa de escribir, ni publicar, ni participar en la vida literaria y que, con su varia obra, ha enriquecido la tradición poética de Chiapas.

Israel González, originario de la ciudad de Chiapa de Corzo, se incluye en la citada obra entre los nombres de Uberto Santos, Roberto Rico, Beatriz Muñoz Morales, Adolfo Ruiseñor, Elda Pérez Guzmán, Chary Gumeta, Gustavo Ruiz Pascacio, Eduardo Hidalgo, Gabriela Balderas, Juan Carlos Bautista y Yolanda Gómez Fuentes.

Entre las características principales de su poesía destaca la brevedad de contundentes enunciados que sin adornos innecesarios ni discursos confusos o rebuscados, transitan directos a la mente. La eliminación del adjetivo afectado, del adorno inútil, de la confusión verbal que en otros es sustancia, son objetivos que lo dominan, como lo atrapa una imperiosa necesidad de expresar experiencias y percepciones, de acotar sus ideas, de transmitir su óptica personal, la propia del poeta, infundida de curiosidad y sensible condena.

Con sobriedad y precisión, sin adornos estériles ni palabras superfluas o sólo de oropel, nos sorprende, tal vez únicamente nos revela, con una plasticidad evidente, cuadros, anécdotas, movimientos, gestos, ambientes. Hay una fuerza excepcional en esa transmisión visual y psicológica hecho estilo sobrio, puntual, limpio y por supuesto armonioso.

Tres principales ejes temáticos distingo en la poesía de Israel González. Predominan con fuerza, la marcan y revelan las preocupaciones, los desafíos, los problemas, las angustias y los sinsentidos de un hombre que ha transitado dos siglos entre ilusiones distintas y espacios contrastantes, de la provincia casi aislada a la ruidosa y rebosante Ciudad de México. Su entorno (urbe o campo), los derroteros de la existencia y la crítica social se dislocan entre sus versos, moldean su estilo, desnudan su carácter, transparentan sus emociones y sentimientos, evidencian sus fines, revelan sus pensamientos.

El encuentro con su entorno es prueba del contacto con la naturaleza, asimila la configuración urbana o rural, traza rutas de alegrías y vicisitudes; es espacio de inquietudes y conmociones, escenario de andares y vivencias, sea por la nostalgia que contagia, por el desasosiego que representa o por lo maravilloso de su geografía; sitio para el encuentro íntimo, personal; el universo de caminos, viajes y paseos.

También deviene en escenografía de sus experiencias, a veces escondite donde los seres transitan un destino con asombro y miedo; otras como simple pasarela de oportunidades. Es aquí donde se desarrollan encuentros, miradas y tormentas.

Si bien hay lugares precisos del paisaje de Chiapas, su tierra, como San Cristóbal, Mitontic, Tuxtla Gutiérrez, Chiapa de Corzo, también hay recorridos por la Ciudad de México, donde hoy habita con gusto y por trabajo.

Otro de esos ejes temáticos por los que se aglutina la poesía de Israel González parte de su propia existencia. Agobios, estados de ánimo, alegrías, pero no como un clamor, ni como un alarido que advierte desesperación o mero sufrimiento. Va más allá, es un pretexto para la reflexión, para observarse a sí mismo, para encontrarse en el otro como si el otro fuera él mismo. La existencia entonces es más curiosidad que lamento, es más un comentario sarcástico que una queja, es más observación que impulso. También es reflejo, espejo donde se reconoce y nos reconoce.

Porque el poeta es un voyeur, un espectador, un testigo, un crítico que no ceja de impregnarse de su derredor y de su gente. Atrapa instantáneas con su pluma, advierte detalles psicológicos, lanza opiniones del ser humano y sus conductas, y nos da imágenes, ciertamente el mejor logro de Israel González.

En el tercer eje, la ironía de González no es solamente burla, igual es señalamiento que hiere las conciencias sin cortapisas, es cuestionamiento claro a la moralidad y sus absurdos, a las paradojas y sus accidentes, es hartazgo ante la irracionalidad de todos los días. No teme poner el dedo en la llaga, en atacar lo moral, lo religioso, las contradicciones de lo político, la fuerza de la sexualidad.

Aunque predomina el verso libre, alternativa para liberar las palabras sin más restricciones que la estructura lingüística propia del español, también, de pronto, lo seducen las formas clásicas como la del soneto, en la que no omite homenajear a una de las mejores representantes de este arte: Sor Juana Inés de la Cruz.

No es éste el único homenaje ni el único reconocimiento. Igual con epígrafes y menciones destaca paternidades y empatías, entre las que destacan Octavio Paz, José Revueltas, Pablo Neruda, José Emilio Pacheco, Walt Whitman, Lizalde, Rilke, Anne Waldman y Tedi López Mills, entre otros escritores.

En Trajín estamos muy orgullosos de haber publicado esta obra. Nos alegra ponerla en sus manos para su deleite y análisis. A través de su lectura encontrará senderos coloridos y sombríos, así como remansos y recorridos tormentosos. Y lo mejor de todo, los atravesará como el propio Israel González, vivirá la experiencia, en medio del destierro, fuera del paraíso.