T R A J Í N

Algunas palabras sobre Entre el último verso y el primer disparo de la noche

 Algunas palabras sobre Entre el último verso y el primer disparo de la noche

POR ARTURO TEXCAHUA.

Hoy presentamos un nuevo libro de Alejandro Reyes Juárez y de Silvia Carbajal Huerta, Entre el último verso y el primer disparo de la noche, unidos en una obra común, compartiendo, enriqueciendo, fortaleciendo, propósitos comunes. El primero de los muchos que podemos mencionar y el más evidente, más allá de los que puede planear un artista, atribulado por diversas intencionalidades, poseído por los distintos afanes que lo motivan, ese primero es el de divulgar sus expresiones artísticas, de compartirlas con los posible lectores. Ese vínculo hipotéticos, imaginado, es un paso valiente que no sólo une a dos en un circuito de comunicación, sino que también acerca de lo hecho, lo expone, a la crítica, al análisis, a la encomio o a la objeción.

Yo, como editor del libro, juez y parte, atrapado en un conflicto de intereses, tengo una visión que seguramente dirá más alguna es muy parcial y muy a favor del libro. Y quiero decirles a quienes lo piensa, que sí, que en efecto, estoy a favor de la obra y que por esa razón apoyé su publicación, la respaldo, porque creo en ella.

Y ahora les diré porque creo en ella.

En primer lugar, porque estos binomios artísticos, gráfico y textual, dan por resultado productos que atesoran más riquezas simbólicas, semiológicas (o semióticas), abren abundantes senderos por los que las interpretaciones proliferan, se reproducen, se replican. Una y otra expresión no sólo imponen su propio discurso, sino también se complementan o crean otros.

Palabras, verbos, sustantivos, categorías gramáticas, figuras literarias, ironías, metáforas, comparaciones, elipsis, paralelismos, entre otras frente a la imagen, luz, las sombras, los claroscuros, el enfoque, la perspectiva, el volumen, la composición. Pluma y lente en diálogo un diálogo enriquecedor, que al mismo que opone lenguajes, modos de acercarse al mundo, revelan un momento, una realidad, desde una expresión que es propia, personal. Consignan un testimonio, porque sus autores son testigos de lo que se vive en su entorno, en su derredor, y nos quieren compartir una parte de esa experiencia, desde una interpretación propia. Porque ya sabemos que la realidad siempre es alterada por la visión del artista, quien oculta lo que le parece sin importancia, y destaca lo que a su criterio y a su interés es trascendente. Ese proceso de selección es lo que crea una obra de arte, es el que le da relevancia. Es lo que le da el carácter de admirable al artista.

28 poemas frente a 37 fotografías en blanco y negro. Las dos registran, la fotografía un instante que queda congelado para siempre, ese instante advierte , pensamientos, emociones, impresiones, al igual que las palabras registran esos pensamientos, esas emociones, esas impresiones. El discurso gráfico es directo, tiene una obviedad sospechosa, y digo sospechosas porque lo primero que uno se pregunta por qué ha sido relevante registrar este momento. El discurso escrito es indirecto, acude a más recursos, por lo que proporciona tonos, matices, distintos niveles interpretativos.

Me remito al poema Tiempo y silencio para para ampliar mi explicación:

Dice el poema:

La fotografía es tiempo;

invisibilidad; 

ausencia y presencia.

Decisión de aislar 

con luz

un instante del devenir;

de estos pasos que no cesan

aun en las noches 

y en la desolación.

 

El poema es anhelo de silencio;

aleteo domando la oscuridad,

a pesar de los demonios

que habitan la rugosa pared.

 

La fotografía es lo que ya no es

y el poema lo que nunca será.

 

Ente la instantánea de la fotografía, el poema es anhelo de silencio, porque no puede el poeta no puede callar, porque el poeta no puede dejar de sentir y de decir lo que siente, lo atormentas demonios, los mil demonios que lo habitan: los demonios del pecado y los demonios de la virtud, porque la virtud también lo puede poseer a uno, sobre todo cuando a pesar de ésta uno no se puede hacer nada contra la injusticia, contra el hambre, contra la destrucción del mundo.

Esa rugosa pared la he visto muchas veces, cuando los pensamientos nos atormentan, cuando las obsesiones nos abruman, cuando uno se revuelve en la cama en busca de una solución, de una respuesta.

Y es lapidario el final de este poema recurriendo a una antítesis deja clara la postura un tanto sombría de un autor abrumado por el desasosiego que por toda partes nace en nuestro mundo, nos permite reflexionar, nos acerca a los opuestos dejando ver el carácter de estas expresiones humanas.

La fotografía registra algo que ya fue, el poema lo que nunca será, porque será enunciación de propósitos, más que descripción de momentos.

Yo los invito a leer este libro buscando el significado privilegiado, intentarlo encontrarlo, tanto en lo narrativo, como en lo gráfico. Tratar de explicar por qué, junto al poema que he leído antes, de lado izquierdo, como ocurre en todos los poemas, hay una fotografía, y ésta es de tumba, de una iglesia y de un paisaje de nuestro país, entre cerros, nopales y casas, en un luminoso día, en cuyo cielo se ven altas nubes, como ésas que no traen lluvia, pero empañan el azul de la atmósfera. ¿Por qué se colocó allí esa imagen?

Yo los invito a darse la oportunidad de leyendo este libro dialogar con el autor, mirándolo muy de cerca, frente a frente, oyendo su voz firme, escuchando un discurso que desde una aciaga visión de esta realidad en la que nos pudrimos sin saberlo, sin conciencia de nuestra decadencia, todavía sostiene la esperanza como bandera, porque aún, a pesar de lo abrumador del horizonte, hay optimismo.

“De esta terquedad, dice el poeta, que ni el encierro doma

Y este corazón que aún anhela, bajo las sábanas, 

Nuestra lluvia y nuestro relámpago”. 

Gracias.