Crónicas literarias

Por Arturo Texcahua

 

 

El ejercicio y el hedonismo
26/5/2014

 
Hace tres meses tomé una decisión que no sé si podré sostener por mucho tiempo. La idea es caminar, correr o jugar baloncesto cada mañana, durante una hora. El médico lo recomendó y algunos síntomas de alarma evidenciaron su pertinencia. Hacer ejercicio para quien trabaja sentado frente a la computadora, o lee bien acomodado en un sillón o acostado en la cama ha sido una tarea realmente difícil. Además, he tenido que ajustar un poco mi dieta. Menos de esto y más de aquello. Soy un adicto en recuperación. No sé bien cuál y cómo es mi adicción, pero la tengo. No puedo vivir sin ocuparme en algún proyecto. Cuando termino uno, concibo de inmediato algo nuevo.
En estas actividades físicas, utilizo lo que hoy es costumbre: unos audífonos y un reproductor de música y/o sintonizador de radio. Para efectos prácticos, y ya que la tecnología lo permite, recurro a mi teléfono inteligente, my Smartphone. Al principio escuché solamente las noticias matutinas; después la programación musical; luego reproduje música con mucho ritmo; ahora combino esas alternativas con grabaciones que descargo de la Internet, de lecturas de libros, conferencias, biografías, documentales históricos y científicos, cátedras y lecciones de inglés.
He descubierto que la música rítmica, en efecto, es perfecta para realizar ejercicios aeróbicos, como trotar y correr. En cambio, cuando se práctica gimnasia o se camina es mejor escuchar alguna de las grabaciones mencionadas. De las noticias, para mí es suficiente con los resúmenes. Lamentablemente lo que uno escucha es tan monótono, que lo novedoso se vuelve una rutina de situaciones, acontecimientos y declaraciones muy preocupantes y molestas (en su mayoría) o demasiado frívolas para merecer realmente nuestra dedicación.
De regreso, hoy escuchaba a Gilles Lipovetski y su explicación de la sociedad del hiperconsumo, donde, pese a la acumulación de riquezas, la felicidad es un imposible. Me sentí descrito por el filósofo francés cuando hablaba de nuestra actual cultura de la prevención médica, la cual alterna, paradójicamente, con un hedonismo reinante. Ahí iba yo dando pasos y pasos para facilitar la circulación arterial y mantener en forma la tonicidad de mis músculos. Ahí iba yo esquivando las decenas de heces caninas (eso creo) que hay en las banquetas de distintas alturas y anchos, deterioradas por las fracturas y la falta de mantenimiento. Esos gobiernos del PRD en Xochimilco siguen dejando mucho que desear. Conté más de setenta “minas” (le dicen algunos) en un tramo de dos kilómetros y medio, que es el que recorro del deportivo de San Andrés Ahuayucan a mi casa. Hay muchos perros en la calle, con o sin dueño, sin que nadie se haga responsable de sus actos, pensé, mientras recordaba que hace una semana el perro de un vecino mató al más viejo de nuestros perros, el Pancho, un chihuahua que nunca entendió que no debía pelearse con perros que tenían siete veces su tamaño. Pobre Pancho, parecía gato, tuvo muchas vidas que utilizó para sobrevivir a otros pleitos y a dos caídas desde el tercer nivel de la casa. Hoy es parte de mi historia familiar. 
 

Sobre Amores viejos, relatos de Xochimilco
16/01/2014

Los relatos incluidos se recopilaron de diversas maneras. Algunos surgieron de entrevistas realizadas, por una parte, entre los miembros del club de la tercera edad que se reúne en la clínica Xochimilco del ISSSTE, y, por la otra, entre vecinos, en sus propias casas. Otros se recopilaron entre abuelos de alumnos de la secundaria técnica 28, por iniciativa de Elizabeth Llanos. También hay testimonios surgidos de pláticas entre gente mayor y sus nietos o entre padres e hijos; y, por supuesto, relatos contados por sus propios protagonistas, de los cuales, una parte son producto de un taller de redacción de testimonios que organicé y coordiné en mi casa, en Santa Cecilia Tepetlapa.
Los relatos se publican en orden alfabético por el nombre propio de sus autores o protagonistas, que se presenta al principio. Cuando el texto se deriva de una entrevista aparece debajo de su título el nombre de quien escribió el relato. En ese caso, probablemente haya algunas omisiones o agregados que no modifican los sucesos principales.
Entre quienes invitamos a participar, algunos no quisieron alegando que eran asuntos privados; otros objetaron que eran recuerdos despreciables que no merecían ser escritos. Hubo quien explicó que todavía era un asunto doloroso, porque la pareja, el compañero al que tanto habían amado, tenía poco de haberse ido. Pero otros, como se observa en el libro, se abrieron sin ningún empacho. Tenían ganas de revelar sus vidas, de compartirlas con orgullo.
A los jóvenes, estas historias les darán ejemplos de cómo se enamoraban las personas en otros tiempos y circunstancias. Verán que en el fondo nada ha cambiado, aunque hoy parezca diferente.
Me ha producido una gran satisfacción haber recopilado estos testimonios. Creo que toda la gente tiene siempre algo que compartirnos, independientemente de su condición social o económica, nivel educativo o edad. Especialmente me gusta trabajar con la gente que tiene más años, a las que se han llamado adultos mayores. Creo que tienen mucho qué contar, y que debemos darles tiempo, atención y, si es posible, cariño, pues el amor nunca sobra.
La primera versión de este libro se publicó en el año 2009, como resultado de un proyecto financiado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal.  Aquella publicación incluyó diez relatos sobre los amores de Amelia Becerril de Valderrama, César Peralta, Cleta Galicia, Gelasio Poblano Santana, Luz Ma. de Jesús Medina Velázquez, Juana Margarita Olivares Herrera, Luz Bonilla Altamirano, Paula Ruiz Bonilla, María Eugenia Gómez, Raúl Emeterio, Reyna Rosales García y Rosario Flores Gómez. Para la segunda versión, que apareció en 2011, se agregaron seis textos de Concepción Vázquez Palma, la familia Duarte, Fidel Valle Castañeda, Graciela Sánchez Mendoza, José B. Peralta Martínez y María Teresa León Olivares. En esta edición se suman los materiales proporcionados por el cronista Efrén Romero Acuña y el periodista Leonardo Valadez Castillo, así como el testimonio recogido por María Torres de una vecina de Santa Cecilia Tepetlapa, Graciela Reza Amaya. Es decir, este libro se ha ido enriqueciendo gracias al apoyo de los habitantes de Xochimilco y al interés de sus lectores. Aún así, es seguro que aún falta el relato que usted todavía no ha escrito. 
Si se atreve, en texca@yahoo.com lo espero. Los recibiré con gratitud, los leeré con gusto, y, si es posible, los agregaré a estos relatos de amor. Si no, al menos envíeme sus comentarios y sugerencias. 
 
 
De la crítica literaria 
 
La primera crítica de un libro la realizan personas con tiempo y disposición para participar en los medios; las más de las veces no son académicos, predominan los escritores, los periodistas profesionales, y gente interesada en la cultura y en el arte especializados en literatura, así como asiduos lectores con fino olfato. Estos primeros analistas hacen una crítica sin profundidad, pero con agudeza, que se condensa en una reseña. La rapidez de sus juicios, surgidos de una primera lectura y construidos con las prisas del periodismo, supone  inmediatez, superficialidad en el análisis, especulaciones arriesgadas que rara vez desmenuzan y advierten todo lo importante que puede haber en un texto literario. No obstante estas limitaciones, sus comentarios son punto de partida, referencia obligada no sólo para el lector que requiere orientación ante una oferta muy amplia de títulos, sino también para el investigador que busca antecedentes.
En el estudio del texto literario, se considera que el periodismo cultural no realiza un trabajo serio, por ello, generalmente se le objeta. Sin embargo, en un principio esta crítica es la que orienta al lector a leer un libro, a veces como parte de una campaña publicitaria que busca conseguir el mayor número de compradores. Esta crítica se ejerce desde revistas culturales, literarias, diarios, semanarios políticos y de espectáculos, con o sin secciones propiamente culturales, porque la lectura de un libro se ha integrado a las actividades que se realizan para ocupar el tiempo libre.
 
Esta crítica periodística quizá hasta consagre autores y libros, pues un comentario vertido en un medio de alcance nacional puede llegar a una audiencia formada por millones de personas. De este modo, editoriales económicamente fuertes o autores con prestigio afianzan la venta de sus libros.

Calle por calle, historias de viajes diarios
Presentación a la segunda edición

 
En la ciudad de México todos los días nos trasladamos de un sitio a otro. Quizá solo vamos a la esquina por el periódico o a la tienda de abarrotes por un refresco. Tal vez tenemos que ir a trabajar, a la escuela, de compras o de paseo, y por esto recorremos algunas calles, viajamos varios kilómetros o casi cruzamos la ciudad.
La mayoría de esos viajes son forzosos, y se convierten en agobiantes rutinas en esta enorme y muy poblada metrópoli.
En Xochimilco usamos nuestro automóvil, el microbús, el camión, el tren ligero, el taxi, la bicicleta, el caballo, la moto, la canoa, el bicitaxi o, simplemente, nuestras piernas. Nos conectamos con el metro en la línea más cercana; conocemos vialidades y lugares; sabemos de rutas y atajos; memorizamos baches y problemas; odiamos el crucero que más nos retrasa; dormimos en el trayecto más largo; soñamos viendo edificios y anuncios; recordamos sucesos importantes; planeamos nuestro futuro mientras somos parte de largas filas y esperamos y esperamos con resignación y sin remedio; percibimos olores que van de lo grato a lo más desagradable; escuchamos molestos ruidos, también la radio o la música que nos gusta; nos empujamos y nos atoramos al ser tantos; nos agredimos porque coincidimos en iguales prisas y complicaciones. En ocasiones conversamos con los otros cuando se ausenta la desconfianza tejida por los abusos de los que hemos sido víctimas, cuando no los vemos como un enemigo que nos obstruye para llegar pronto adonde vamos o cuando hallamos en sus rostros algo más amable que la indolencia.
Por caprichos del destino, algunos viajes son sucesos felices y otras veces, cargados de infortunio, acontecimientos peligrosos, hasta mortales.
En Calle por calle, historias de viajes diarios se reúnen sobre este tema experiencias guardadas, principalmente, en la memoria de barrios y pueblos de Xochimilco, para dejar testimonio de una época, para rescatar ideas, anécdotas y recuerdos de sus protagonistas.
En esta nueva edición se han incorporado varios de los textos que originalmente fueron parte del proyecto realizado con la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal en 2011. Este incluyó un concurso abierto a toda la comunidad xochimilca y talleres en escuelas y centros culturales. Sus resultados fueron expuestos en la primera versión de este libro. 
Ahora se agregan textos elegidos mediante una convocatoria dirigida a los habitantes de la capital; estos nuevos escritos, en su mayoría, también son de residentes de Xochimilco y exponen anécdotas desarrolladas en este universo geográfico. 
Los materiales han sido agrupados de acuerdo con el transporte aludido. Están la mayoría de los que usamos. Faltaron textos sobre las motocicletas, triciclos y cuadriciclos, los transportes escolares y laborales, los vehículos de carga, y otros medios que facilitan la movilidad. Si habláramos de los vehículos oficiales        —especialmente los utilizados por los burócratas de la delegación Xochimilco— se llenarían cientos de páginas, pues lo mismo sirven para llevar a un grupo de barrenderos a un determinado lugar, como para hacer las compras familiares de fin de semana, pasear a la novia o visitar algún hotel de paso. 
Los colaboradores son mayormente aficionados de la escritura. Sus materiales tienen, en principio, el carácter testimonial señalado; la ficción —que la hay— y los intentos de hacer literatura en un plano artístico han sido supeditados a ese propósito, eje principal, asimismo, de mi trabajo en Trajín: promover la escritura entre quienes no son profesionales de las letras, para rescatar vivencias e información de una época. 
Detrás de cada palabra, los autores tienen una apreciación personal no comprometida rigurosamente con la verdad científica, académica o histórica. Salvo el de Araceli Peralta Flores, los textos presentados son escencialmente subjetivos, personales, íntimos. Algunos más, otros menos. Ello no evita la expresión de comentarios críticos, reclamos, molestias, denuncias, acusaciones y exigencias dirigidas a distintos elementos de la sociedad, pero ante todo a las autoridades gubernamentales, protagonistas estratégicos en la instrumentación de políticas públicas que atiendan y solucionen los rutinarios problemas de transporte y seguridad. 
Me da gusto proponerles una lectura de confluencias, donde edades (hay niños, jóvenes y adultos mayores), géneros y opiniones, se incluyen y se excluyen, coinciden y se oponen, unidos por esa colorida y contrastante diversidad que caracteriza a México. 
 

Sobre el título

No hay nada más difícil para un escritor que elegir un nombre para su texto literario, pues, idealmente, en un título se reúnen varios propósitos. Un título orienta al lector sobre el contenido del texto, le dice por donde va, hacia dónde se dirige; resume el contenido en un ejercicio de síntesis que nos comunica todo en unas cuantas palabras; explica su fin, alude a lo que el autor pretendió conseguir a través de él; se convierte en una provocación, un reto para el lector, porque en él construye más de un sentido, más de un significado. El título es la puerta hacia el texto, pero no cualquier entrada, ha sido diseñada y confeccionada de manera única y de acuerdo con lo que dentro de ella (se) (a)guarda. Debe impresionar, ser contundente en su mensaje porque da la bienvenida a un lector con expectativas, dispuesto a dejarse impresionar por la composición diseñada, por el discurso preparado.   

 
Cuando la investigación te mira a los ojos*
 
Mediante la investigación los estudiosos de un objeto o de un fenómeno obtenemos información, confirmamos sospechas, descubrimos datos ocultos entre documentos olvidados o en fuentes intocadas, profundizamos en el conocimiento de un tema, encontramos ideas, enfoques y explicaciones que iluminan nuestro raciocinio y nos permiten alcanzar nuestros objetivos.
Sin embargo, la investigación solamente es un medio, no un fin. Es un proceso que nos ayuda a obtener lo que buscamos. Es una indagación que puede ser aleatoria, es decir, sobrevenir de manera imprevista, acorde a sucesos inesperados; esto suele pasar con las investigaciones policiacas o cuando se intenta explicar un accidente. En esas ocasiones se presenta como una necesidad que inspira determinadas acciones no planeadas, pero que sí requieren, de sus oficiantes, antecedentes generales, técnicas y métodos previamente adquiridos. Situación distinta se da en el terreno académico; para definir esta búsqueda antes hay que hacer una investigación. En el caso de quienes estudiamos las letras, primero nos acercamos a los libros y lo que hay alrededor de ellos, aprendemos de historia, de filosofía y de las interpretaciones teóricas que explican al texto literario y cómo acercarnos a él. Además nos allegamos de conocimientos de disciplinas que nos puedan auxiliar a comprender los distintos sentidos de un texto. En el camino utilizamos el análisis como rutina imprescindible, la técnica como palanca, el método como disciplina.
Al precisar el objetivo central de nuestra investigación, la mitad del trayecto se antoja realizado. Esa, al menos, ha sido mi experiencia. Hay autores, temas y periodos que han atraído mi atención después de conocerlos y estudiarlos. Así llegué a la revista El Rehilete, publicación mexicana de la década de los sesenta del siglo XX. Había leído novelas e información de autores de estos años. Beatriz Espejo estaba entre ellos. Un día me convertí en su alumno y tuve la oportunidad de platicar de este periodo. Me contó cómo de manera independiente había editado la revista literaria durante varios años. Su testimonio me animó a buscar la publicación en la biblioteca y leerla, posteriormente haría una amplia investigación al respecto que produjo una tesis de maestría. Al efectuar esta investigación conocí varios de los componentes del sistema literario mexicano. Unas declaraciones de Emmanuel Carballo publicadas en su Diario público me inspiraron reflexiones e indagaciones sobre lectores y libros editados en México. De estas pesquisas se desprendió mi acercamiento al tema del canon literario en el que hoy estoy inmerso.
 
* Fragmento del ensayo publicado en el libro Convergencias y divergencias, compilación de Luis Quintana Tejera.
 
En las cálidas tierras del Norte se presentó Llené mis ojos de agua

Después del coloquio de Sonora estuve unos días en Mexicali. No fueron precisamente vacaciones. Trabajé en varios asuntos. Principalmente me ocupé del libro Convergencias y divergencias, notas en torno a la investigación literaria, compilado por Luis Quintana Tejera, que se presentará en el encuentro de investigación que se realizará en la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México la próxima semana, los días 27 y 28 de noviembre. Me tuvieron entretenido, además, algunos otros escritos necesarios para atender compromisos académicos.
Pero aparte de ello, tuve la oportunidad de visitar a la familia, a la que vi con gusto y cariño.
El sol estaba esplendoroso y calentaba (sí que calentaba) benignamente. Tibios y cortos días para reencontrarme con una ciudad enorme y muy distante de la que fue escenario de los primeros 20 años de mi vida.
Gracias al invaluable apoyo del escritor y cronista Óscar Hernández, director de la Casa de Cultura de Mexicali y al Instituto Municipal de Arte y Cultura local, el jueves 14 de noviembre en este lugar presenté el libro Llené mis ojos de agua, compilación de María Torres. El recinto es un bello espacio, con casi cien años de historia, en el que se promueven con mucho éxito diversas manifestaciones artísticas, además de la historia y la cultura local y del mundo. La sala donde se efectuó esta actividad presentaba interesantes obras de la artista Ruth Hernández, lo cual engalanó el suceso.
Las autoras leyeron fragmentos del libro y se hicieron comentarios. Yo leí lo siguiente:
"Sea esta ocasión para decir cuánto y cómo aprecio y reconozco lo que de tan evidente es más que obvio: el papel, el trabajo, la fuerza, la inteligencia y la tenacidad de la mujer –amén de otros muchos atributos que por espacio y tiempo no diré– es, sino de mayor dimensión, igual que el de aquellos más admirados hombres de una historia que hemos escrito nosotros, los del sexo masculino, y que al parecer casi siempre hemos protagonizado.
"Es cierto, la hemos encabezado: hemos sido los héroes, los descubridores, los sabios, los gobernantes, los conquistadores, los generales, los profetas, los visionarios; en resumen hemos sido todos los grandes personajes de la humanidad porque, principalmente, durante muchos años, nosotros los hombres no permitimos que las mujeres hicieran otra cosa que procrear y cuidar hijos, atendernos y ser un personaje anónimo que se ocultaba en el hogar y que tenían en la cocina el despacho principal de sus asuntos. 
"Hoy son muchas las mujeres que participan en tareas que por años fueron exclusivas de los hombres, algunas han sumado esas nuevas actividades a las tradicionales, otras han tratado de distanciase de esas responsabilidades. Una y otra postura han creado nuevas formas de convivencia en la sociedad, en la familia, en la pareja, con escenarios antes impensables, problemas y fricciones. Los divorcios son parte del resultado. Pero también se han vivido enormes satisfacciones y grandes oportunidades de desarrollo. Seguramente que con el tiempo y la inteligencia humana, las complicaciones que estos cambios han provocado se arreglarán satisfactoriamente para todos.
"Las mujeres aún están forjando su nueva identidad, lejana de construcciones culturales obtusas, tanto del pasado como del presente. Aún tienen mucho por remontar, así como sin fin de actividades en las que incursionar y espacios cerrados por abrir.
"Soy parte del grupo de hombres consentidos por las mujeres. He recibido de ellas amor, cuidados, atenciones, educación, conocimientos, consejos y apoyo. Han sido mis compañeras, mis subordinadas o mis jefas. A su lado he tenido gratos momentos y acentuadas diferencias, roces que a ratos han bordeado el odio. Pero nunca por ser mujeres, sino porque luego, como es normal en este mundo, hemos pensado de modo distinto. Por supuesto que la mujer no es buena solamente por ser mujer, ni el hombre por ser hombre es ya malo, como algunos posicionamientos radicales lo enuncian. Todos sabemos que cada quien tiene lo suyo.
Yo agradezco todo lo bueno que me han dado. Por eso hoy estoy muy contento de presentar el libro Llené mis ojos de agua…"

 
Tres días de literatura
 
El Coloquio Internacional de Literatura Mexicana e Hispanoamericana de la Universidad de Sonora transcurrió conforme al programa establecido.
El lugar es hermoso y pequeño. Está limpio de grafitis y tiene alumnas bellas.
El miércoles por la noche se realizó el brindis de bienvenida. En el jardín central de la escuela de Lingüística y Literatura se ofrecieron ricos bocadillos (tostaditas, burritos, sopesitos –gorditas les dicen aquí–, quesadillas con tortillas de harina, sangría y sodas –como se les llama a los refrescos. Todos quedamos satisfechos, hasta una compañera vegetariana que no encontraba algo sin carne.
Sobre textos, autores, posturas y sucesos literarios, en el coloquio se expresaron explicaciones, análisis, revisiones, glosas, apuntes, reflexiones, estudios, rescates, puntualizaciones, respuestas, planes, visiones, perspectivas, impresiones, puntos de vista, investigaciones, palabras, valoraciones, discursos, intenciones, juicios, guiños, reconstrucciones, conclusiones, significaciones, apreciaciones, diferencias, percepciones, referencias, citas, provocaciones, preferencias, posibilidades, reconocimientos, clasificaciones, precisiones, ritos de iniciación, caminos. Sirvió para conocer a colegas; fue una oportunidad para compartir un trabajo solitario y poco proclive a la socialización.
Al mismo tiempo, el encuentro fue escenario de muy desatinadas especulaciones, de disparatadas presunciones, de refritos, palabras huecas, plagios, elucubraciones, locuras, repeticiones, lecturas ociosas, halagos mutuos. Sirvió además para justificar un empleo o para afianzar una beca; fue pretexto para pasear a la familia, a la esposa, al esposo, al novio, a la novia, al amante; permitió viajar, huir de la rutina laboral y de la familia; ayudó a olvidarse de los compromisos y de los hijos; facilitó algún ligue (ya se hicieron algunas citas de amor) y a conocer personas que no son del gremio: como un empleado de un hotel, una camarera simpática, un taxista dicharachero; fue razón para tomarse unas vacaciones sin remordimientos; también permitió comprar souveniers, probar nueva comida y conocer costumbres distintas.
Los asistentes nos sentamos frente a los ponentes y oímos, escuchamos, entendimos, aprendimos, tomamos nota, copiamos ideas, nos actualizamos, nos dormimos, pensamos en las actividades y los problemas pendientes, escribimos mensajes en el celular, concebimos historias de ficción, miramos a los otros, los criticamos, presumimos lo que no sabemos.
Temas tratados: literatura mexicana del siglo XIX, del siglo XX, del siglo XXI; de Chiapas, de Sonora; narrativa actual, literatura chilena, argentina, uruguaya, colombiana, caribeña; género, posmodernismo, el Crac, poesía contemporánea; revistas literarias; teatro, migración y frontera, contexto, estrategias discursivas, el proceso creativo, estudios comparativos, memoria, biografía, teoría literaria, novela del narco, violencia, ismos, Fuentes, mujeres en la literatura, construcción del personaje, espacio literario, Cortázar, novela histórica mexicana, literatura fantástica, otras expresiones artísticas, Bolaños y Los de Abajo.
Aún así faltaron otros muchos asuntos.
El viernes terminó el coloquio con una cena (carne asada para variar), baile y algo de vino.
Gracias por todo, Universidad de Sonora.
Dejé las Suites Kino, donde me hospedé felizmente durante el resto de mi estancia en Hermosillo. Es un edificio con algo de historia. Fue construido en el siglo XIX y está al pie del Cerro de la Campana, lugar emblemático de la capital. Es una enorme peña que ahora es mirador y sitio donde se ubican las antenas de televisión.
El sábado por la madrugada viajé a Mexicali.
De la capital de BC luego les cuento.
P.D. No ocurrió nada de lo advertido por el chismoso taxista. Qué mejor.
 

Antes del Coloquio, un día de viaje

Hoy martes 5 de noviembre me la pasé de viaje. Ya saben cómo es la ciudad de México. Llegar al aeropuerto desde Santa Cecilia Tepetlapa fue una proeza sin gloria. La sonrisa me la produjo el taxista que me llevó. Me contó sus aventuras con los personajes nocturnos de esta ciudad. Gays y prostitutas le dan color a su trabajo. Las anécdotas que me narró dan para hacer todo un libro.
En la tarde llegué a Hermosillo. Hacía calor (hace). Otra vez me topé con un chofer ocurrente que me contó de los chicos vestidos de mujer que hay en el centro de Hermosillo y de cómo engañan a cualquiera. Nos reímos bastante con sus historias, muy simpático y abierto el hombre. Me informó que mañana habrá problemas en esta ciudad porque los concesionarios de transporte público harán un paro porque el gobierno los tiene acorralados, según el taxista: los usuarios cubren su pasaje con una tarjeta, los estudiantes no pagan nada y mucha gente comete abusos con los pobres concesionarios.
Me hospedé en un hotel que se veía muy bonito en internet. Ahora solamente espero que termine la noche (se llama San Alberto), mañana me voy a otro. Está en el Centro, muy cerca de la Universidad, por eso lo elegí (y por barato, “lo barato sale caro”, me dice María a cada rato; es que soy del Norte, le explico).
Luego fui a comer a un lugar llamado Zumo's burros, donde ofrecen burros percherones, unos tacotes de carne asada hechos con tortillas de harina envueltos en papel aluminio, con aguacate, jitomate, cebolla y chile. Se acompañan de una rica salsa de chiltepín, que la mesera que me atendió me dijo que era un chile exclusivo de Sonora, se nota que no ha investigado nada del tema o nunca ha salido de los límites de su estado. Usted no es de aquí, me preguntó. No, yo vengo de México (como le dicen al DF los que no viven allí), vivo en Xochimilco y nací en Baja California. ¿En Baja California? No parece, habla como chilango. Ja. No dejé pasar la ocasión para tomarme una rica cerveza norteña: una tecate. Todo muy rico. En la noche salí a caminar: oí narcorridos, percusiones africanas, reguetón y pop en inglés. Los autos con ruidosas bocinas son frecuentes por acá. Ayer asesinaron a balazos a un comentarista de noticias deportivas local, Alberto Gerardo, pero no fue aquí, ocurrió en una carretera de Sinaloa, cuando iba con su familia. Maldita violencia. La buena noticia es que el gobierno ya está terminando con ella, dice; que no domina al país, que la alcaldesa de Matamoros está loca.

Mientras, mañana, al rato, inicia el coloquio. 


Coloquio Internacional de Literatura Mexicana e Hispanoamericana en Hermosillo

Ya tengo lista la petaquita en la que llevaré principalmente libros, la compu y alguna que otra cosa indispensable para un pequeño viaje a la ciudad de Hermosillo, estado de Sonora, a donde acudiré a la universidad del lugar a la versión XXIV del Coloquio Internacional de Literatura Mexicana e Hispanoamericana. Participaré además como ponente, con un trabajo sobre la revista El Rehilete, una publicación de los años sesenta cuya principal característica es que fue editada por mujeres.
El programa de esta actividad (http://www.coloquio.uson.mx/programa.htm) es muy atractivo, por nutrido y variado. Tenemos de todo lo que se ventila en estas áreas de estudio. Si usted vive en esa cálida ciudad del Norte o anda por ahí, dese una vuelta al coloquio que se llevará a cabo del 6 al 8 de noviembre, en los auditorios A y B del Edificio 3-A, del Departamento de Letras y Lingüística. Escuchará eruditas explicaciones sobre textos y autores, aprenderá, podrá preguntar y debatir, y no nos dejará solos a quienes amamos e investigamos la literatura.
Ya les contaré de este viaje.
 
 

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