Travelling
por Israel González
 
Correo Mayor
30/6/2014

El microbús avanza por la avenida Fray Servando Teresa de Mier.
En una esquina, una mujer de 26 años y su pequeño hijo de 6 suben, primero el niño y atrás ella con la mochila.
Mientras la mujer paga al chofer, el niño busca donde sentarse.
De lejos, parece que viniera llorando.
De cerca, uno percibe que, en realidad, el niño viene sudando, fatigado.
El niño se sienta y su madre lo alcanza.
El niño dice algo que no se alcanza a oír y la madre responde con el gesto contrariado.
En el piso del microbús, junto al asiento de un anciano, hay un encendedor que alguien olvidó.
La mamá del niño ve el encendedor y le dice a su hijo que lo recoja y se lo dé al anciano, a quien supone el dueño.
El niño se para en el microbús en movimiento y recoge el encendedor y lo ofrece al anciano, quien lo rechaza moviendo negativamente la cabeza.
El anciano acepta, finalmente, el encendedor y lo guarda en su pantalón.
El microbús gira hacia su derecha y sube por la calle Topacio. Después de 4 calles gira hacia su izquierda y avanza por la avenida San Pablo.
Desde las ventanas del microbús se ve multitud de puestos ambulantes, transeúntes que van o vienen, comercios y prostitutas jóvenes de pie.
El microbús se detiene ante el semáforo en rojo. Es la calle Correo Mayor.
La mujer toma de la mano a su hijo, se paran, toca el timbre, bajan por la puerta de atrás y se pierden entre la multitud que, a esas horas del día, desborda la calle de Correo Mayor.

 
 
Ejercitar el vuelo
 20/06/2014
 
Entonces me di cuenta que todo había acabado.
Me sentí liberado de él y de mí.
Solo otra vez.
Con mi propia rutina.
Sin los sobresaltos de la espera.
Sin las prisas por llegar a las citas.
Era otra vez la extraña calma, las paredes vacías, la cama con una sola almohada, las calles sin su presencia.
Quise llorar; pero estaba vacío, seco, sin lágrimas.


El sentido figurado
14 de junio de 2014
 
Si queremos desearle a alguien, cuando lo vemos, que todos sus días sean buenos, diremos “buenos días”, si no solamente “buen día”.
¿Qué frase es la correcta? ¿”Vaso de agua” o “Vaso con agua”? En Chiapas decimos “Quiero un vaso de agua”, en sentido figurado. Sabemos que el vaso no es de agua sino que lo queremos con agua. Y, además, suena mejor así; es más poético, digamos.
Ciertos afanes correctivos olvidan que existe el sentido figurado y las licencias poéticas.
Pretender llevar al límite la racionalidad sintáctica o semántica suele terminar en la irracionalidad que tanto se teme, en la burla que tan bien se esgrime.
En el pequeño ensayo, “Helarte de la errata” (Carlos López, Praxis, 2005, 1ª. edición), el autor trata con humor el tema de la errata, que tanto aflige a escritores y a periodistas pues una sola letra mal puesta cambia todo el sentido del texto: “Aquella mañana, doña Manuela, se levantó con el coño [por ceño] fruncido”.
En este ejemplo, en cambio, la errata es no reconocer el sentido figurado: “En México, algunas vías del interior de la república anuncian: ‘Esta carretera no es de alta velocidad’, dando por sentado que hay carreteras hechas de baja velocidad, no de asfalto”.
 


Un año sin primavera
28/05/2014

 
Un año sin primavera. O, cuando menos, duró tan poco que no nos percatamos.
No hubo tiempo de reverdecer ni de florecer.
Nuestros frutos se quedaron en algún lugar, expectantes, mudos.
En mis sueños de niño había infinitos caminos verdes, pájaros todo el día, luz apacible.
¿Llegará el tiempo en que al hombre le sea imposible vivir a pleno sol y deba refugiarse en la noche?
Dormir de día. Vivir de noche.
Y el tiempo avanza inexorable.
 

Ganarle al tiempo
25/5/2014

 
Vivir con prisa, con la sensación de que el día no alcanza por más que corras, sudes o te angusties.
¿Desde hace cuánto la prisa se metió en tu vida, se agazapó en tus sueños?
En la ciudad de México el tráfico imposible alarga las distancias y te obliga –poco a poco- a dejar uno a uno en el asfalto tus sueños.
Si la vida es correr, no hay mejor lugar que éste.
Si la vida es querer ganarle siempre al tiempo, la ciudad que buscabas es ésta.
Para leer o para escribir necesitas aislarte, hablar lo menos y andar siempre como pájaro perseguido.
Y para construir una obra (breve o extensa) no hay otra opción que el doloroso oficio de ermitaño.


El extraño del lago
9/05/2014

El deseo suele ser compulsivo y no se agota en un cuerpo.
Un parque, un cine, un bar son lugares de ligue homosexual; pero por qué no un lago –en verano-, cuando el cuerpo lo único que pide es agua fresca.
Llegar al bosque, estacionar el auto, atravesar la vegetación y abrirse al sol y al lago como en una playa a la que sólo tuviera acceso cierta secta, cierto grupo de “privilegiados”.
Todos los días las mismas caras, el mismo rito (El extraño del lago, Alain Guiraudie, Francia, 2013): descender del auto, internarse en la espesura y tenderse, desnudo o semidesnudo, al sol. Después, acercarse al elegido y perderse entre los árboles.
Pero unos pocos días no bastan para conocerse y en realidad todos siguen siendo unos extraños.
Y un día, al anochecer, la rutina del deseo compulsivo se romperá cuando el hermoso Michel asesine a uno de sus muchos amantes en turno.


El mundo no es una pelota de futbol
4/05/2014

 
Al final del documental Ilusión nacional (Olallo Rubio, México, 2014), una cita en la voz de Eduardo Galeano hace que el espectador vuelva a creer, a ilusionarse con el futbol.
Un grupo de niños jugando a la intemperie introduce la esperanza, tantas veces burlada, de que México algún día será campeón mundial. Allí están como ejemplo y premonición los muchachos de la sub 17 dos veces campeona. Allí están las singularidades exitosas de Hugo Sánchez y Cuauhtémoc Blanco, entre otros heróicos futbolistas de cuando la televisión era en blanco y negro.
Narrada por el propio Olallo Rubio, de hermosa voz, en tono sarcástico, vemos pasar ante nuestros ojos imágenes de entre 1928 y 2012.
Pero no es nada más la pelota, sino el contexto, la historia que se esconde detrás de los estadios, el dato que desconocíamos o habíamos olvidado y el comentario audaz, irónico lo que hace que el espectador no despegue los ojos del gran televisor que es la pantalla de cine.
16 sombras fuimos los únicos asistentes al estreno de Ilusión nacional el pasado viernes 4 de abril de 2014.
Mientras, con gran afluencia joven, en las salas contiguas se exhibía El capitán América.
 

Capilla de San Lucas
13/4/2014
Todos los días, menos los jueves, la capilla de San Lucas ofrece cena a los desamparados.
Si sales de la estación del Metro Pino Suárez y bajas hacia la avenida Fray Servando Teresa de Mier, y son las siete de la noche, seguramente verás la fila de indigentes formados para recibir su porción de alimento.
La plaza de San Lucas –o Pino Suárez- no suele ser muy limpia ni muy agradable a los ojos.
Como otras muchas plazas abandonadas por los gobernantes, que siempre tienen mejores tareas que realizar en provecho de sí mismos, San Lucas es hábitat de indigentes, prostitutas, predicadores, basura y ratas.
Los árboles lucen desaliñados y su aspecto es el de pájaros mojados y tristes.
La ciudad, nunca como aquí ha sido un oasis.

 

Hombre hecho añicos

3/4/2014

Avanzaba y, con él, el coraje, el hartazgo.
De un momento a otro algo en él estallaría; él estallaría, volaría en pedazos.
Sentía llegar la catástrofe; la escuchaba agolparse en sus venas, escalar desde sus pies.
Estallaría como si fuera un tanque de gas.
Se haría añicos como si un auto se estampara en él.
Al atravesar la avenida atiborrada de autos chillantes sintió cómo el coraje, el hartazgo lo hacían –de verdad- explotar.

 

La fotocopiadora estúpida

Cuando alguien se refugia –o parapeta- en la estulticia, de allí nadie lo saca.

Cualquier cosa, menos reconocer un error.
Se equivocan los tontos, los distraídos, los otros.
Los inteligentes siempre encuentran a quien culpar y se desplazan por la vida satisfechos y triunfadores.
Por eso, cuando en la papelería pido la fotocopia de un programa de mano, es la fotocopiadora, y no el dueño, la que saca de cabeza uno de los dos lados.
La fotocopiadora tonta no sabe cómo borrar ciertas manchas, cómo desaparecer ciertas líneas incómodas; es tan bruta que no es capaz de aclarar las imágenes como la de la otra papelería que, para mi desgracia, en este preciso momento se encuentra a varios microbuses y a otras tantas estaciones del Metro.

 

¿Dónde quedó la gorrita?

El sábado, a las nueve de la mañana, Gabriel lavó la gorra recién comprada y subió a colgarla en la azotea solitaria.

Después de desayunar y hacer algunas compras, Gabriel regresó a casa y subió a la azotea por su hermosa gorra color hojarasca: la prenda ya no estaba y sí la ropa del nuevo vecino.
Molesto y desconcertado, Gabriel pensó en los tres años que llevaba viviendo en ese pequeño edificio y nunca se había perdido nada.
Gabriel recordó la inseguridad que recorre el país y a una compañera de trabajo recién asaltada en el microbús.
Gabriel marcó el teléfono de la encargada del edificio, pero la mujer no se hallaba.
Gabriel contó el incidente a un amigo y éste le aconsejó que preguntara al vecino recién llegado por su hermosa gorra de ciento cuarenta pesos.
De pronto, Gabriel escuchó que alguien abría la puerta de la azotea.
Gabriel subió a zancadas y encontró al vecino diminuto descolgando su ropa.
Gabriel –quizá alterado- explicó al vecino el extraño caso de su gorra desaparecida.
El vecino –asombrado- comentó que él había bajado una porción de ropa y que quizá, sin querer, se había pegado al envoltorio la misteriosa gorra; que indagaría y subiría luego a verlo.
Desde la ventana Gabriel observó su gorra en la cabeza del otro nuevo vecino que apenas se estaba cambiando.
Desde la misma ventana Gabriel vio cómo el vecino diminuto hablaba con el otro nuevo vecino mediano y éste se quitaba su gorra y se la entregaba.
En cuestión de segundos Gabriel escuchó que tocaban a la puerta: era el vecino diminuto con la gorra extraviada, ofreciendo disculpas.


Todas las vejaciones

(“Doce años esclavo”, Steve McQueen, Estados Unidos, 2013)

No es ficción; ocurrió en Saratoga, Nueva York, en 1841; en el sur esclavista estadunidense.
En 1853, Solomon Northup publicó el libro “Doce años esclavo”, donde narra su horrible experiencia.
Como si fuera este México priista que padecemos, sus secuestradores y sus esclavizadores lograron eludir la justicia y continuaron su vida como si nada, tan campantes, como aquí políticos, empresarios y narcotraficantes, en pleno siglo XXI.
De esto último da cuenta el narrador al final de la película.
Mientras tanto, Solomon Northup es engañado por dos amigables hombres que lo contratan, como el buen violinista que es, a Washington.
Después de una borrachera inducida, Solomon despierta encadenado.
A partir de aquí, esposa, hijos (niño y niña) y vida confortable en Saratoga serán sólo un recuerdo lleno de dolor, coraje e impotencia.
De “amo” en “amo”, de vejación en vejación transcurrirán los días del ahora etiquetado como “un prófugo negro de Georgia”.
Niños, mujeres, hombres, negros, por supuesto; nadie se salva de la esclavitud que “es un mal que nadie merece”.
¿Cómo es posible tanta saña de un ser humano hacia otro?
“Mis sentimientos se definen por el valor del dinero”, dice el vendedor de Solomon y de la absolutamente indefensa y martirizada “Patsi”.

La compañía de los libros
2/3/2014

No imagino un mundo sin libros o con libros solamente electrónicos.

Basada en la novela del mismo título, de Markus Zusak, “La ladrona de libros” (Brian Percival, Estados Unidos, 2013), reivindica la importancia del libro y de la lectura.
Durante la segunda guerra mundial, en pleno auge del nazismo tratando de imponer la preeminencia de la raza blanca, con las ya conocidas y condenables locuras de la persecución y exterminio de millares de judíos y de la incineración  de libros, Liesel, una niña de sólo nueve años, protagoniza –junto a sus padres adoptivos, Hans y Rosa, y sus amigos Rudy y Max- la resistencia  afectiva e inteligente en un medio en donde la libertad y la vida son casi imposibles.
En tiempos de guerra el miedo inhibe los más altos valores del ser humano. Para salvar la vida se calla, se obedece, se delata, se traiciona todo lo bueno que fue en tiempos de paz.
Salvo excepciones, lo “normal” es dar la espalda al vecino o al amigo en desgracia.
Prisioneros del nazismo que enarbola sus banderas en todas las ventanas, que se mete sin permiso a las casas, que vigila sin dormir, a todas horas, las calles, los susurros, la respiración de sus habitantes, una noche los vecinos son convocados a participar en el triste e indignante espectáculo de la quema de libros.
Azuzados por los líderes irracionales, vociferantes, ciegos, todos son uno solo que canta, que grita consignas, que alimenta sin rubor la pira de libros en el centro de la plaza.
Hasta la pequeña Liesel, que ama tanto los libros, se ve obligada a contribuir.
Del porqué la niña protagonista es la “ladrona de libros” y de cómo los libros nos salvan y acompañan en los peores momentos, hay que ver la película.

 
 

Meseros
25/2/2014

Así como hay meseros atentos, amables, hay otros que sirven de mala gana o se ponen a platicar con sus conocidos que van llegando mientras tú esperas y esperas y esperas.
Alguno olvida el menú solicitado y pregunta una vez y otra vez. O tarda demasiado en servir aun cuando sean varios meseros o el lugar esté casi solo.
Algunos parecen esconderse cuando quieres pedir la cuenta o algo más de comer.
¿Y qué decir de la encargada o dueña del local que envía la cuenta sin tú haberla pedido y cuando aún no concluyes la lectura del periódico ni el tazón de avena sin colar?
En las cantinas la situación no es mejor. O te cobran de más o no te regresan el cambio porque para esas altas horas de la tarde o de la noche ya estás completamente embrutecido por el alcohol.


EL miedo
22/2/2014
El miedo sirve para desarmar, para controlar.
El que se deja dominar por él ya no se pertenece, ya no tiene sosiego.
El miedo entra por las orejas y por los ojos y se agazapa en el cerebro.
El miedo quita la palabra.
El miedo, de hombre pensante te convierte en bulto, en sombra.
El miedo achica mientras él crece y cubre, como un río desbocado, todos tus espacios y todos tus pensamientos.
El miedo amenaza: Cualquier movimiento que hagas y te desmorono.
Por eso, gobernantes, políticos y todo aquél que cree tener poder –o quiere lograr algo de ti- recurre a él con el único autoritario afán malévolo de aniquilarte.
Vivir con miedo no es vivir.

Fabulillas
17/2/2014
*
Malhumorado, harto, sin ganas...no recurrió al suicidio
sino a las vacaciones.
*
En medio de la hoguera del trópico, un tobogán y una pista de hielo:
circo para el pueblo.
*
La pobreza calcina las pupilas de los que andamos
con los ojos abiertos.
*
Aves de la ciudad, perplejas, no entienden tanta insensatez
de esa criatura sin alas llamada “hombre”.
*
Harapientas figuras deambulan entre los residuos del día,
en las esquinas oxidadas, en las calles como costras,
resignadas a medio vivir, a medio ser,
a morir absolutamente un día cualquiera.
*
¿De qué sirve ese árbol de cambiantes colores?
¿Para qué un tobogán y una pista de hielo?
¿No era mejor un árbol y su fuente, una luna y su cántaro?
*
Palomas polvorientas: ¿qué hacemos aquí tragando polvo,
respirando brasa, embarrados de la sarna del sol,
azotados por la amarillenta flema del viento?




Avenida Los Náufragos
15/02/2014

Después de la cursilería de Navidad y Año nuevo (hasta los sátrapas y los privatizadores se humanizan y externan buenos deseos por la humanidad), las avenidas, las ciudades se atiborran de náufragos.

Náufragos del amor que no pudieron retener –enhorabuena- porque sencillamente no era amor.
Náufragos de la amistad que no supo entregar verdadera confianza y equidad y respeto.
Náufragos de la familia que intentó ignorar sus fisuras pero que aparecieron en el momento menos esperado.
Náufragos del empleo mal pagado que naufragó porque decidimos irnos a festejar como hacen siempre los demás que todo tienen.
Náufragos del dinero que nunca alcanza.
Náufragos de la algarabía, de la alegría ficticia, creada para soñar que el mundo es bueno.

 

Aves de la ciudad
12/02/2014

Como es natural, las aves viven cómodamente en el aire. Los cables de la electricidad o del teléfono, las cornisas, los techos, las antenas o los árboles son sus refugios habituales.

La altura, la luz, el aire es su casa.
En las mañanas chocan discretamente con los cristales de las ventanas.
Las escuchas aletear, respirar, caminar, murmurar, cantar.
Tórtolas, palomas, zanates, cuclillos y, ocasionalmente, colibríes se han avecindado sin mayores inconvenientes en la gran ciudad.
Mientras caminas en medio de la avenida las palomas celebran la llegada del día.
Ves cómo picotean la hierba de la luz.
Oyes su incomprensible idioma de murmullos.
Aún no se han bañando pues tienen todas las alas cubiertas de polvo.



He visto
5/2/2014
 
He visto desprenderse las hojas de los árboles
y transformarse en coloridas mariposas.
 
He visto debajo de ciertos puentes, a ciertas horas,
a algún sapo sobreviviente
convertirse en ave y echarse a volar.
 
He visto la delicada hierba de ciertos jardines delicados
inopinadamente transmutarse en luz.
 
He visto cómo a la vuelta de una esquina
está Chiapa de Corzo o el innumerable mar.
 
He visto cómo la lluvia torrencial azota el cuerpo de los árboles
mientras sobre mi cabeza se agitan las vigorosas aspas del sol.
 
He visto cómo la densa niebla cubre con su vaho
los infinitos cristales de la ciudad ayer esplendente.
 
He visto cómo la impenetrable noche transporta a la ciudad
al apacible, eterno lecho del mar.         
 
He visto, en fin, como todos los días salimos de nuestras tumbas
y, como Lázaro, nos echamos a andar.
 
  
 
 Los días en Chiapa
1/2/2014

Nunca abandona el calor a Chiapa. Ni en diciembre.
Desde que amanece, el sol abre sus fauces y lanza sobre el pueblo millares de cocodrilos de luz.
A las dos de la tarde Chiapa de Corzo es un comal al rojo vivo.
Andar descalzo bajo el sol quemante, sobre el suelo ardiendo, sería un suicidio.
De vez en cuando sopla un vientecillo acariciador llegado desde quién sabe dónde.
Conforme avanza el día el sol amaina.
En las aceras de algunas casas, los ancianos sacan sus sillas para refrescarse porque en sus lechos el calor continúa agazapado.
La tarde empieza a refrescar los caminos.


 
  

La basura diaria
28/01/2014

Desde que nacemos hasta que morimos producimos (¡vaya descubrimiento!) basura.
En el trayecto, eso que llamamos educación, por diversas razones, suele fallar y, entonces, arrojamos los desperdicios en cualquier parte menos donde corresponde: sobre el teléfono público, en las salientes de las casas, en el césped de la avenida, en la escalera que conduce a los apartamentos, sobre las sillas –cuando tienen- de los parques, en los arbustos o a un lado de ellos…
Es incómodo, una verdadera lata, cargar con la basura hasta encontrar un bote o hasta llegar a casa.
Mientras caminamos, comemos o bebemos y allí mismo dejamos todo, para la posteridad, seguramente.



Lavanderías
25/01/2014

Encontrar una buena lavandería es asunto difícil. Lo digo por experiencia. He recorrido varias.
O entregan una playera, un pantalón o calcetines que no son tuyos o alguna de tus prendas se lo dan a otro.
Es frecuente que regresen la ropa tal como la entregaste, como si nada más la hubiesen remojado y puesto a secar.

A veces devuelven las playeras salpicadas de cloro, como lunares que, hasta donde recuerdas, no tenían…
Pareciera que el objetivo de las lavanderías fuera quedarse sin clientes o que éstos terminaran resignándose a su pésimo trabajo.
Una buena lavandería se cuenta, como los verdaderos amigos, con los dedos de una mano.

Por eso, cuando una de estas buenas lavanderías cierra para siempre, y sin avisar, no sabes qué hacer.
He aquí tu complicado futuro: rascarte con tus propias uñas. 


Solo Dios perdona
21/Ene/2014


Sólo Dios perdona; los hombres no. Aquí abajo la divisa es “Ojo por ojo, diente por diente”. Ni Gandhi. Ni Mandela. Ni Andrés Manuel López Obrador.
En Bangkok, al asesino se le corta la mano o se le mata. “Ojo por ojo, diente por diente”.
Y si los narcotraficantes son de por sí despiadados, los que aplican la ley no lo son menos.
Nada de quemar un pene y azotar a tablazos. En Bangkok al narcotraficante se le cercena, degolla, extirpa un ojo, clavetea sin miramientos, masacra ante la mirada de un niño famélico que hace más insoportable el ajusticiamiento.
Los hermanos Julián y Billy son, a la vez, narcotraficantes y consumidores. La droga, como suele ocurrir, ha terminado por embrutecerlos y deshumanizarlos al grado de que Billy viola y mata a una adolescente.
Desde Estados Unidos la violenta madre de estos jóvenes, y líder del grupo de narcotraficantes, viaja a Bangkok para vengar la muerte de Billy, su hijo predilecto.
La película “Sólo Dios perdona” (Nicolas Winding Refn, Francia-Estados Unidos-Dinamarca, 2013) retrata con inusitada crudeza la violencia de narcotraficantes y policías, deshumanizados, embrutecidos, además del carácter de una verdadera madre sin entrañas.

Para cerrar los ojos.

Dos mujeres amándose
17/Ene/2014

En Todo el mundo tiene a alguien menos yo (Raúl Fuentes, México, 2011), una adolescente y una mujer madura mantienen una relación amorosa.
La historia de María, la adolescente preparatoriana, y Alejandra, la editora literaria, se desarrolla en la ciudad de México.
Las dos mujeres empiezan a acercarse un poco tímidamente. Al principio María rechaza el beso en la boca que pretende darle Alejandra. Pero no se complica mucho por este hecho pues al despedirse es ella la que besa a Alejandra.
María y Alejandra son de clase media alta: María estudia en una preparatoria particular de Coyoacán, vive en esa delegación y sus papás tienen auto, etcétera. Alejandra, por su parte, vive en la colonia del Valle en un moderno apartamento y uno de sus lujos, además de la buena ropa, es comer en restaurantes exclusivos.
La experiencia de Alejandra en la “alta cultura” embona muy bien con el ánimo de aprender que demuestra María, a quien, por cierto, gusta la lectura.
Sin embargo, y aunque en lo sexual funcionan muy bien, María quiere estar en las fiestas que sus amigos organizan (con alcohol y otras drogas y bailes desenfrenados); pero que a Alejandra aburren enormemente.
Una relación así, en donde los universos de dos mujeres ocasionalmente coinciden, se tocan (María jamás podrá pertenecer al mundo de Alejandra ni  ésta encajará nunca en su vida adolescente), parece no tener futuro. Nada, ni la pasión ni los gratos momentos compartidos ni el diálogo al que invita Alejandra parecen ser razones suficientes para alargar una relación que al parecer nació muerta.



La casa que fue
13/01/2013


Mi casa termina en un arroyo.
En el patio larguísimo crece un limonero, árboles de jocote chiapilla e iguanita, papausas blancas y rosas, un árbol de matarratón y un maguey enorme, epazote, tomate rojo, chile “mira pa’rriba”, chipilín y maíz que mi papá acostumbra sembrar en la época correspondiente.
Mi madre tiene gallinas y pollos a los que torturo levantándolos del pico hasta que empiezan a aletear de asfixia.
A veces mi papá trae de los lugares en donde trabaja, animales diversos: una tortuga, iguanas con la piel de piedra, un armadillo, un tlacuache, camaleones, unos cerdos felices de vivir en el lodo hasta que concluyen sus días en la mesa de todos.
En tiempo de seca mis hermanas y yo recolectamos caracoles del arroyo y mi mamá cocina un riquísimo caldo con ellos.
En tiempo de agua el patio se inunda de sapos que intentan todo el tiempo, a la luz del quinqué, meterse a la casa.
Mi hermana la mayor se encarga de agarrarlos de una pata y de arrojarlos otra vez a la oscuridad y a la humedad de afuera.
Me gusta andar descalzo y hacer barquitos de papel que la lluvia se lleva.
 


Una calle viva
 
En delicioso blanco y negro, los fotógrafos Gerardo Barroso Alcalá y Lisa Tillinger recuperan la vida cotidiana, centrada en el trabajo, de una calle muy viva del centro histórico de la ciudad de México, la “Calle López” (México, 2013).
Un día dura la excelente sucesión de imágenes y de personajes en la calle López.
Entre oscuro y claro vemos al hombre que inicia su tarea de limpiar la calle.
Poco a poco “se va haciendo la luz” y empieza su labor el señor de los jugos.
Sube la cortina el hombre que guarda los puestos ambulantes. Llega el joven y su pequeña hija –que apenas balbucea- a recoger el diablito en que guarda los dulces que luego acomodará en una esquina.
 Abre el hombre del local de los pollos. Una anciana acude puntual a colocar su puesto de tlacoyos, quesadillas y gorditas.
Vemos cómo el expendio de café esparce sus aromas. Sentimos el vaho que exhala la planchaduría…
 
Un pueblo que trabaja. Una calle viva. 


Mujeres organizándose
 
Para Nely y Homero Samayoa Recinos
El documental “Mujeres construyendo buena vida” (en tzotzil, “Antsetik tsa’ik Lekil Kuxlejal”, Área de Video Sociedad Civil de Las Abejas de Acteal, 2012) relata cómo las mujeres de Acteal y de otras comunidades indígenas de Chiapas empezaron a organizarse para defender sus derechos y para formar una caja de ahorro, ante el cobro excesivo de intereses por parte de los usureros, que les permita enfrentar emergencias y dar una vida mejor a sus pequeños hijos.
Zenaida Hernández Gómez, María Guzmán Pérez, Leticia Pérez Sántiz, María Vázquez Gómez y Amelia Pérez Sántiz, son algunas de las mujeres que narran su historial de lucha desde 1992 en que se constituyeron en la sociedad civil “Las Abejas de Acteal” en pro de la “defensa de los derechos humanos de los pueblos originarios”.
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer,  marcharon frente a los soldados que llegaron para quedarse en su comunidad. Exigieron que se fueran de allí mientras algunos las filmaban. En una pancarta se leía: “Las mujeres no somos esclavas”.
“…Marchamos porque seguimos vivas”, explica Zenaida Hernández Gómez, quien antes había ya rememorado la masacre de Acteal, el 22 de diciembre de 1997, a manos de paramilitares. 45 muertos. La mayoría mujeres. Y ni Ernesto Zedillo Ponce de León ni Julio César Ruiz Fierro, entonces gobernador de Chiapas, han respondido por el crimen.
Las mujeres de las trece comunidades que participan en la caja de ahorro no creen en los apoyos del “mal gobierno”.  “El gobierno no respeta, no toma en cuenta nuestros derechos”, dicen. Saben, por experiencia, que los apoyos generan dependencia: “Hay gente que recibe del gobierno y ya no quieren sembrar la milpa”, comenta Amelia Pérez Sántiz. Y Zenaida Hernández Gómez: “Los apoyos gubernamentales es una estrategia para acallar a la gente que lucha y la gente que recibe esos apoyos deja de luchar por las injusticias”.


Apuntes de la Muestra
Parte de la reciente 55 Muestra Internacional de Cine, son las películas “La casa de la radio” (Francia-Japón, 2012, Nicolas Philibert), “La vida de Adéle” (Francia-Bélgica-España, 2013, Abdellatif Kechiche), “Las horas muertas” (México-España-Francia, 2013, Aarón Fernández), “La postura del hijo” (Rumania, 2013, Calín Peter Netzer), “Club Sándwich” (México, 2013, Fernando Eimbcke) y “ De tal padre, tal hijo” (Japón, 2013, Hirokazu Kore-eda).
Para guardar en el olvido, no hay mejor película que “La casa de la radio”, donde jamás ocurre nada como no sea el insípido ir y venir de locutores y entrevistados.
La adolescente Adéle comienza a descubrir que es sexualmente diferente a la supuesta norma heterosexual que la rodea, con la que tiene que convivir desde sus padres hasta sus compañeras de la preparatoria. ¿Por qué tanta bronca con la diferencia? ¿Por qué no aceptar de una vez por todas nuestra diversidad? ¿Acaso Adéle no ama como cualquier persona, no sufre igual el desamor?
En un motel, en la carretera a Poza Rica, Veracruz, Sebastián, Miranda y Mario protagonizan “Las horas muertas.” ¿Hay algo más tedioso que esperar, desde la recepción, a que poco a poco asomen los clientes? Por la carretera pasan autos, se amontona el silencio, se oyen las olas del mar como si quisieran tragarse el mundo. Llueve. Aparece Mario Y Miranda. En la casa del deseo, el cuerpo de 17 años de Sebastián también empieza a desear, a vivir.
¿No debería mamá educarnos para la independencia? ¿A qué edad ya no somos su bebé, su niño? Qué bueno que no exista dependencia sin rebeldía, así sea sutil, como en “La postura del hijo” y “Club Sándwich.”
El amor a los padres o a los hijos no depende de la biología; se construye; se va forjando día a día, en la convivencia diaria, reflexión a la que accedemos con la película “De tal padre, tal hijo.”
 
Poemas brevísimos
 
Andrés Manuel López Obrador tuvo la sensibilidad de crear el Instituto de Educación Media Superior del Distrito Federal (IEMSDF), a partir de la fundación, en la ex cárcel de mujeres, de la Preparatoria Iztapalapa I, “surgida de una demanda de la población de esta demarcación”.
El 4 de marzo de 2001, el IEMSDF, a cargo de la matemática Guadalupe Lucio, lanzó una convocatoria para cursar el Diplomado de Formación Docente en Educación Media Superior, a realizarse del 20 de abril al 4 de agosto de ese año, con la participación de especialistas de la UNAM.
De allí saldrían los profesores que nos integraríamos a los 16 planteles (actualmente son 20, 2 en instalaciones provisionales y 2 más a medio construir) que conformaban en ese entonces el IEMSDF.
De esos primeros años a la fecha, los ataques de panistas, priistas y periodistas afines no han mermado.
Se acusó, sin comprobar, a las preparatorias de “escuelas patito”. Se dijo que los profesores ganamos mucho para el trabajo que realizamos. Se descalificó, sin conocer, el Modelo Educativo que hace realidad, entre otros, el sueño pedagógico de trabajar con grupos de 25 estudiantes y darles seguimiento y acompañamiento a través de asesorías y tutorías.
Fui asignado profesor de lengua y literatura en la preparatoria “Ignacio Manuel Altamirano”, de la delegación Magdalena Contreras. En mayo de 2004, los muchachos escribieron brevísimos poemas, algunos memorables, pero todos constancia de que el aprendizaje y la creatividad son posibles aun en condiciones poco favorables:
LA CARRETERA                  SOLEDAD                       LOS OJOS
Yoselín Marín                       Rosario Salinas               Juan Carlos Villamil
Es el mejor testigo:               Llora una mujer,              Su mirada como la luz
Pasa el tiempo,                     lágrimas incesantes        del día que comienza
crecen sus historias.             cubren su rostro.             a surgir a través de la noche            
SURGIMIENTO                        EL PERRO
Pedro Ortiz                               Luis Condebarca
Crecen las flores                      Se cubre el perro
dando vista,                              de la lluvia
 
coloreando el día.                     con su agudo ladrido.
 
La confianza traicionada
 
La convivencia nos va mostrando ante los demás y sobre todo ante quienes tratamos más íntimamente.
Hoy que el decir y el hacer se han escindido, antes que palabras, que discursos, somos lo que hacemos.
En estos tiempos de políticos, periodistas y empresarios mentirosos, la confianza no se prodiga como el verde en época de lluvia.
La confianza es “divino tesoro” que, en estos días aciagos, no es sencillo encontrar.
*
Uno abre la puerta. Deja pasar. Acoge. Mas un día –el menos esperado- la confianza y la reciprocidad se derrumban porque no eran tal.
Una traición más no debería sacudirnos ni ponernos tristes. No hagamos de ello una tragedia. No dramaticemos. Sigamos durmiendo como cuando éramos niños y nuestra única preocupación era jugar.
*
¿Cómo se mide el dolor del desengaño? ¿Con qué se cura? ¿Cómo se apacigua?
*
Borré todas tus lunas de la palma de mi mano. Enterré soles. Degollé tórtolas. Arrasé jardines. Donde en una ocasión grabé tu nombre escribí la palabra olvido.

Enterré tus recuerdos. Hice polvo los ratos agradables que vivimos. Borré todas tus lunas de la palma de mi mano. Eché a la hoguera tus palabras. Donde grabé alguna vez tu nombre escribí la palabra olvido.
 


Nuestra casa (Gravity)

Me encanta la gravedad. Gracias a ella los seres humanos no flotamos, no volamos, permanecemos pegaditos, fieles a esta tierra que nos vio nacer y que un día nos verá morir para quedarnos para siempre en ella.
¿Y qué decir de esa capa de gases que nos envuelve protectora?
¿Qué decir del suave manto de la atmósfera que transforma los violentos rayos del enemigo/amigo sol

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